Septiembre amarillo: hablar del suicidio también es prevenirlo

Cada septiembre, el amarillo aparece en campañas, carteles y redes sociales para recordar que la prevención del suicidio necesita conversación, atención y recursos. El 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, una jornada impulsada desde 2003 por la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP) en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El por qué este mes se relaciona con el amarillo se debe a una historia en Estados Unidos. Mike Emme, con solo 17 años, llevó su pasión por los coches al siguiente nivel cuando restauró un Ford Mustang de 1968 de color amarillo que encontró abandonado. Tras su muerte por suicidio en 1994, sus familiares y amigos comenzaron a utilizar cintas amarillas como símbolo de recuerdo y de prevención. Con el tiempo, la llamada Yellow Ribbon se convirtió en una iniciativa de sensibilización que trascendió su origen y contribuyó a asociar el amarillo con la prevención del suicidio.

Una fecha para hablar

El 10 de septiembre es el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. La jornada, establecida en 2003 por la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP) en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS), busca poner el foco internacional sobre la prevención y reducir el estigma que rodea al suicidio.

En 2026, la campaña continúa bajo el lema “Changing the Narrative on Suicide” —“Cambiar la narrativa sobre el suicidio”—, que invita a transformar la manera en que hablamos y pensamos sobre este problema. La IASP anima este año a mantener conversaciones abiertas y honestas y a llevarlas más allá de la propia jornada. Hablar de prevención no significa tener todas las respuestas; a veces significa algo tan básico como atreverse a preguntar cómo está alguien y escuchar la respuesta.

Pronunciar en voz alta la palabra `suicidio´

El suicidio continúa rodeado de estigma, miedo y silencio. Muchas personas no saben qué decir cuando alguien cercano atraviesa un momento de sufrimiento intenso. Otras temen preguntar directamente por pensamientos suicidas porque creen que hacerlo podría empeorar la situación. Por eso, antes de preguntarnos qué podemos hacer para prevenir, tal vez tengamos que preguntarnos por qué nos cuesta tanto hablar de ello.

No se trata de convertir una conversación cotidiana en una intervención profesional, tampoco de asumir el papel de un psicólogo, un psiquiatra o un servicio de emergencias. Se trata de entender que una persona que está sufriendo puede necesitar, en primer lugar, que alguien se quede, escuche y tome en serio lo que está diciendo.

La importancia de ser un apoyo

Algo tan sencillo como un “¿Cómo estás de verdad?” puede marcar la diferencia. Buscar un momento tranquilo y escuchar lo que la otra persona necesita exteriorizar. Escuchar su respuesta sin juzgar ni minimizar y sin intentar resolverlo todo en una sola conversación.

Si existe una preocupación concreta, también se puede preguntar directamente si ha pensado en hacerse daño o en suicidarse. No le corresponde a un amigo, familiar o compañero hacer un diagnóstico ni convertirse en terapeuta; su papel puede ser estar presente, tomar en serio lo que escucha y ayudar a conectar a esa persona con profesionales o servicios de atención.

La OMS recomienda, cuando existe preocupación, animar a la persona a buscar ayuda profesional y ofrecer acompañarla si lo necesita. Si se considera que existe un peligro inmediato, la recomendación es no dejarla sola y contactar con los servicios de emergencia o con una línea de crisis.

Ayudar a un amigo

A veces las personas que están pasando por una mala racha, tienden a distanciarse con su círculo. Es muy importante no desaparecer aunque no sepamos qué decir o cómo ayudar a cambiar la situación.

Preguntar, escuchar y mantener el contacto puede ser más útil que intentar encontrar una solución inmediata. “Últimamente te noto diferente, ¿hay algo de lo que quieras hablar?” No responder con frases como “tienes que ser fuerte” o “hay gente que está peor” y no convertir la conversación en un interrogatorio. Si la situación es grave y preocupa, podemos ayudarle a buscar atención profesional o acompañarle a pedir ayuda.

Ayudar a un familiar

La cercanía familiar puede hacer que detectemos cambios antes que otras personas, pero también puede hacer más difícil mantener la calma. No tenemos que asumir solos la responsabilidad de lo que está ocurriendo. Buscar ayuda profesional y compartir la preocupación con otras personas para no caer en minimizar la situación puede ser un gran primer paso.

Ayudar a un conocido, compañero de clase o de trabajo

No hace falta invadir la intimidad de alguien con quien no tenemos tanta confianza para ayudarle, pero sí es importante no pasar por alto señales de que la otra persona está atravesando un mal momento. Una conversación en privado, desde la preocupación y no desde el juicio, puede ser un primer paso. Si sus respuestas nos hacen pensar que existe un riesgo inmediato, la prioridad deja de ser laboral: pasa a ser pedir ayuda.

No todo sufrimiento termina en una conducta suicida y no existe una única señal que permita saberlo. Precisamente por eso, la prevención no consiste en aprender a diagnosticar a quienes tenemos alrededor, sino en crear entornos seguros en los que pedir ayuda no sea motivo de vergüenza y en saber dónde acudir cuando esa ayuda hace falta.

Si no sé cómo ayudar, ¿qué hago?

En España existe desde 2022 la Línea 024, puesta en marcha por el Ministerio de Sanidad para atender a personas con pensamientos, ideación o riesgo de conducta suicida, pero también a familiares y allegados. Es un servicio gratuito, confidencial, de ámbito nacional y disponible las 24 horas del día, los 365 días del año. Cuenta además con atención mediante chat online y un servicio de videointerpretación en lengua de signos.

El 024 no sustituye la atención sanitaria presencial cuando esta es necesaria. Si existe una emergencia vital inminente, el Ministerio de Sanidad indica que se debe llamar directamente al 112.

Más allá de estos números, también existe la posibilidad de acudir a los servicios sanitarios habituales y solicitar ayuda profesional. No hace falta esperar a que una situación llegue al límite para pedir ayuda.

No olvidar que todos los días hay suicidios

Más allá de un mes dedicado a la visibilización y prevención del suicidio, lo valioso también es no dejar de tener conversaciones sobre el suicidio durante todo el año. El 1 de octubre no desaparecen el sufrimiento, las dudas ni las personas que necesitan ser escuchadas.

Que sigamos preguntando cómo está alguien. Que sigamos hablando de salud mental en los colegios y los lugares de trabajo. Que los recursos de ayuda sean conocidos y accesibles para todos. Que familiares y amigos sepan dónde acudir. Que los profesionales dispongan de herramientas y recursos para detectar y atender situaciones de riesgo. También que los medios de comunicación sigamos preguntándonos cómo contar estas historias de una manera responsable, sin convertir el suicidio en espectáculo ni esconderlo bajo el silencio.

Si la persona que está luchando contra pensamientos o conducta suicida eres tú, recuerda que no estás solo. No tienes por qué atravesar la situación a solas. Un amigo, tu pareja o un familiar puede ser un gran apoyo, no te guardes lo que sientes. Pedir ayuda no significa que hayas fracasado ni que tengas que saber explicar perfectamente lo que te ocurre. Si necesitas ayuda llama a la Línea 024 —gratuita, confidencial y activa durante todo el año las 24 horas del día—. Si tienes una emergencia vital llama al 112 o acude a servicios de emergencia.

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