Hagamos las paces con la nostalgia: mirar atrás sin sentir tristeza

La palabra nostalgia podría definirse como un sustantivo relacionado con la tristeza, o la melancolía. Pero, ¿y si no solo fuera eso? ¿y si en su significado tuviera cabida la felicidad?

Ahora que el verano ha terminado, hemos podido comprobar más que nunca en redes sociales cómo se ha hecho viral la nostalgia como nuestro mayor enemigo. Echar de menos un recuerdo, un día, una fiesta…  

Desde el otro lado, podemos verlo como una experiencia inolvidable la cual no deberíamos recordar con tristeza, sino con alegría por poder vivir momentos tan privilegiados.  

La cara oculta de viajar, es esa sensación amarga de vuelta a casa en muchas ocasiones. A pesar de ello, no debe ser un hecho nostálgico, ya que uno siempre vuelve a dónde fue feliz. Tu primera visita te ha hecho conocer sitios a los que a tu vuelta podrás llevar a tu pareja o amigos, e incluso disfrutar de zonas que antes no habías visitado en la misma ciudad.  

¿Y si nuestra nostalgia es un viaje?

Os propongo una idea: ¿y si cada vez que viajemos, uno de los días que organicéis sea exclusivamente para vivirlo como un local?

Es decir, hacer los planes que haría alguien que vive allí. De esa forma nos empapamos culturalmente, y a su vez descubrimos lugares nuevos, por lo que la nostalgia en vez de tener espacio, hace que tengamos un motivo para volver, ya que has podido «acercarte» a la vida actual de un residente.

¿Y si la nostalgia es una persona?

Normalmente cuando echamos a una persona de nuestro círculo, o tendemos a arrepentirnos, o conocemos un sentimiento de alivio. El arrepentimiento es el primero de nuestros errores, por lo que en el momento en que se te crucen esos pensamientos, deberás recordarte de por qué esa persona ya no está en tu vida. 

Al contrario, el alivio, te acerca cada vez más a la paz. Ahí es cuando debe entrar la nostalgia, ya que, en medida de lo posible, debemos recordar que cada persona que ha pasado por nuestra vida nos ha dado una lección. De lo que no volveremos a permitir, de momentos que queremos volver a vivir, o conductas que no queremos imitar. Porque SI está permitido que nos vayamos cuando no nos gusta la persona en la que nos vamos a convertir si nos mantenemos allí. 

Por lo consecuente, podemos comprobar como la nostalgia está presente, de manera o no más escondida. Lo importante es aprender cómo gestionarla para que no nos coma, desde un punto de vista optimista y positivo. Cuando perdemos a alguien, lo justo, es recordarlo con una sonrisa y decir: “he aprendido qué quiero o no en mi vida”. Si es alguien que valorábamos, visitar lugares que lo/la hacían feliz es la forma más bonita de recordarlos, puesto que te acercas un poquito más a su paz. 

Que la nostalgia no os permita arrebataros vuestra paz. Sed consecuentes, respetuosos, y vivid el presente; ni el pasado, ni un futuro, porque la vida cambia en un suspiro. Y en un soplido se nos lleva. 

Ana X.O.

Ana Silva Álvarez

Próxima periodista de moda, identidad, y desarrollo personal.

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