Llega Halloween y nos disfrazamos de brujas, nos ponemos, capa, labios oscuros, decoramos con velas encendidas. Pero detrás del disfraz hay una historia mucho menos divertida, y también mucho más útil si la persona que está leyendo esto es mujer.
Porque la bruja nunca fue una mujer malvada, fue una mujer a la que no se podía controlar.
Podemos experimentar esa sensación cuando llega el momento en el que estás a punto de mostrarte del todo y aparece una cuerda que te ata para llevarte hacia atrás, o que, si brillas demasiado, alguien te va a castigar por ello. Y se convierte en más seguro quedarte un poco más pequeña, un poco más callada, un poco más agradable…
…la herida de la bruja.
Y no es solo tuya, es una herida colectiva, heredada, que muchas mujeres llevamos encima sin ser conscientes, pero entender de dónde viene es el primer paso para poder sanarla.
Quién era la bruja
Antes de ser un disfraz, la bruja era la mujer sabia, se puede caracterizar como una mujer que conocía el ritmo de sus ciclos y el de la tierra, la que sabía sanarse a sí misma y a los demás, también entendía de plantas, de animales, de personas. Y que sobre todo, tenía un conocimiento que no estaba al alcance de cualquier persona.
Era también la mujer que recogía información a través de su cuerpo, y que notaba cómo se sentía al lado de alguien y sabía, sin que nadie se lo dijera, si podía confiar. Escuchaba lo que no se decía y prestaba atención a sus sueños porque sabía que ahí había respuestas.
Hoy lo llamaríamos intuición, inteligencia emocional, conciencia corporal, y no hay mujeres que sean las “elegidas” con este tipo de don, todas las mujeres lo llevamos dentro. El problema es que durante siglos se nos enseñó que tenerlo era peligroso, y aprendimos a esconderlo.
Las palabras son hechizos
La bruja siempre supo que las palabras tienen poder, en otras palabras, que lo que dices dirige tu atención, y hacia dónde va tu atención va tu energía. Cada frase que repites sobre ti misma está construyendo, poco a poco, la vida que vives, y tu voz es un hechizo lleno de energía que te permite llenarte o vaciarte por dentro.
Por eso merece la pena mirar las palabras que otros han usado contigo.
¿Qué etiquetas te han puesto desde pequeña?
Demasiado intensa, fría, rompecorazones, creída, rara.
¿Te las has creído? ¿Has acabado actuando según ellas sin darte cuenta?
Porque la propia palabra bruja, fue durante siglos lo mismo, una etiqueta para contener a una mujer que nadie lograba entender, lo cual con una sola palabra se podía destruir una vida entera.
Lo que la caza de brujas nos quitó
Durante la caza de brujas, acusar a una mujer era una forma rápida de quitarle su reputación, su voz, su lugar en la comunidad y, en muchos casos, sus bienes y sus tierras. Lo que significa años de trabajo, de esfuerzo, de construir algo propio, que desaparecían con una acusación.
Y después de muchos mitos que abogaban el castigo por que tenían maldad, realmente lo que hacían era castigar la capacidad de una mujer de transformar, de sostenerse sola, de convertir lo que soñaba en algo que fuera real, lo que despertaba envidia, y la envidia encontró una palabra para justificarse.
Esa memoria no se borra en nuestros días, se queda en cómo nos educan, en lo que nos da miedo, en lo que callamos para estar a salvo. Hoy esa misma reacción sigue viviendo como juicio, cotilleo, o el intento de bajarte del sitio al que has llegado.

Por qué se la teme
Una mujer que se nutre de sí misma no necesita la aprobación de la sociedad para sentirse valiosa, tampoco necesita explicarse, ni sobreproducir, ni ser perfecta para que la acepten. No necesita encajar en ninguno de los papeles que se supone que una mujer debe cumplir para estar a salvo. Y para quien vive pendiente de la mirada de otras personas, resulta muy incómodo.
Asusta a las personas que no están acostumbradas a una mujer que no se puede controlar, ni contener. Porque a ella solo se la puede tratar con respeto, con claridad y con verdad.
En los textos sagrados, cuando alguien se encuentra ante un ser que ha tocado algo más grande, hay quien se arrodilla, hay quien siente alivio o hay quien se asusta. Cada uno reacciona según cómo ha vivido.
Con una mujer en su poder, quien ha vivido fiel a sí mismo siente admiración, pero quien lleva tiempo abandonándose, tomando atajos, traicionando su propia verdad, la vive como un espejo.
Y es más fácil atacar el espejo que mirar lo que refleja.
De ahí salen los rumores, seguro que alguien le paga la vida, no puede haberlo conseguido sola, algo habrá hecho para llegar ahí. Cuando alguien no puede controlar su propia vida, intenta controlar la tuya, y cuando no te entiende, te juzga, es un trabajo individual e interno de cada una, y no te corresponde a ti hacerlo por nadie.
Por cierto, no hace falta llamarse bruja para recibir todo esto, hay mujeres en todos los ámbitos, en la religión, en la política, en los negocios, que jamás usarían esa palabra y que reciben exactamente el mismo juicio. Porque al final la bruja es una mujer poderosa en movimiento.
La sensualidad
Lo primero que suelen atacar en una mujer es su sensualidad, lo vivimos nosotras en siglo XXI, pero llevan siglos haciéndolo, porque avergonzar a una mujer por su cuerpo es la forma más rápida de devolverla a la obediencia. Y muchas veces es la pura proyección de alguien que no sabe gestionar su propio deseo, y culpa a la mujer de despertarlo.
Pero la sensualidad es cómo te mueves en un espacio, cómo hablas, cómo atraviesas una conversación difícil sin tener que reaccionar. Es cómo diseñas tu mañana, cómo te sirves el té, cómo enciendes una vela, cómo te expresas en internet, cómo defiendes lo que vales en una negociación.
Una mujer sensual vive para su esencia, no para la mirada de los demás, y cuando vives así, te sientes más abundante, más sana, más tú. Tu forma de vivir se convierte en algo que inspira a otros, lo que mucho tiempo no se ha valorado, pero por fin empieza a hacerlo.

Lo que no es
Hay que tener cuidado porque es muy fácil romantizar todo esto con feminidad oscura, estética spooky… y se queda en una estética a la todas queremos llegar, ser más hots. Ser bruja no va de eso, ni es una excusa para ser cruel, para dejar de responsabilizarte o para repetir los ciclos de daño que viviste.
El trabajo personal no se acaba nunca.
Una bruja sanada es más bien una mujer con el sistema nervioso regulado, cómoda en su cuerpo, que sabe decir que no, que asume sus errores, que se rodea de gente que también le aporta, que tiene estabilidad y que construye una vida a su imagen y no según lo que le dijeron. Eso es magia. Lo demás es decorado.
La sombra
Cuando te juzgan, la tentación es interiorizarlo. Es muy difícil no hacerlo, sobre todo si vienes de un entorno comunitario o si estás intentando crear comunidad, pero el miedo de los demás habla de ellos, no de ti.
Eso no significa ignorarlo del todo. Sí puedes usarlo para mirar hacia dentro, porque ahí está el trabajo de sombra que tenemos que hacer.
¿Siento ganas de complacer para que me acepten? ¿Me da demasiado miedo hacer el ridículo? ¿Me estoy refugiando en el perfeccionismo para que nadie pueda criticarme ni bajarme del pedestal?
Esas son las preguntas que despiertan ese ruido en ti. Cada vez que alguien toca una herida y tú la miras en lugar de reaccionar, esa herida pierde fuerza.
Llega un punto en el que ya no pueden sacarte de tu centro, porque has visto tu sombra con la misma claridad con la que ves la de los demás. Y entonces también empiezas a ver quién se acerca porque quiere aportar y quién se acerca porque quiere tu energía.
Usar la atención
Hay algo más que aprender de las brujas, la atención, buena o mala, es energía.
Cuando sientes que hay ojos sobre ti, puedes gastar esa energía en defenderte o puedes dirigirla hacia lo que quieres construir.
Si toda tu atención se va a quién te acepta y quién no, esa también es la herida que nos has mirado, o el miedo antiguo a que te quemen en la hoguera, convertido en ansiedad por un comentario o un mensaje sin responder. Y mientras tanto, tu energía no está en tu cuerpo, en tu salud, en tus proyectos, en tu dinero, en tu vida.
Así que recupera lo que te quitaron, en un sentido energético. Recupera la confianza en ti. Recupera el valor de volver a construir. Si te temen, si hablan de ti, a veces es simplemente la señal de que vas por buen camino. Y cuanto más ocupas tu lugar, más espacio abres para otras mujeres que también lo necesitan.
Para esta noche de Halloween
Antes de ponerte el disfraz, siéntate un momento contigo y pregúntate:
¿Dónde me da miedo sentir más placer, desear más, ocupar más espacio? ¿Dónde llego al límite y retrocedo? ¿Dónde me hago pequeña para sentirme segura y aceptada por quienes me juzgan?
Y luego la pregunta más importante, ¿cómo puedo empezar a moverme desde un lugar sanado y no desde la herida?
Porque la bruja nunca fue el problema, el problema fue el miedo que provocaba. Y ese miedo, cuando ya no lo haces tuyo, deja de tener poder sobre ti.
Sigue siendo rara.
Sigue siendo intensa.
Te necesitamos así.
Feliz Halloween, brujas. 🖤





