A veces pasa de golpe por una gran discusión, pero la mayoría de las veces no te das ni cuenta. Lo que está claro es que el hilo no se corta de repente, simplemente se da de sí hasta que desaparece.
Existen canciones, películas y manuales enteros sobre cómo superar a una pareja. Pero, nadie te avisa de lo que duele romper el vínculo con tu mejor amiga o ver cómo tu grupo de siempre se desvanece.
A los veintipocos nos toca vivir el primer gran cambio de nuestro círculo social. El grupo inquebrantable del instituto, el de toda la vida, empieza a dispersarse. O esa persona fiel con la que compartías todos tus días, deja de serlo. Y no siempre hay un drama de por medio; A veces, simplemente la vida va pasando. Horarios distintos, trabajos que te dejan sin energía, o el simple hecho de que ya no sois las mismas personas que cuando eráis unas niñas.
Y asusta. Porque se siente como perder a la persona que te hace de espejo, la que te entiende, a la que acudes, y sobre todo, a la que le confiarías cualquier cosa sabiendo que nunca serás juzgada.
La ciencia de quedarse sola
Si últimamente sientes que tu círculo se ha quedado en nada y pasas más fines de semana sola de los que te gustaría admitir, tranquila, no es que estés haciendo las cosas mal. Es ley de vida.
Un estudio bastante conocido del sociólogo Gerald Mollenhorst (2009), explica que perdemos a la mitad de nuestros amigos cercanos cada siete años. A esto le añadimos que, aunque estemos todo el día conectadas, nuestra generación se siente más sola que nunca. Los datos demuestran que los jóvenes somos la generación que reporta mayores niveles de aislamiento y soledad (Cigna, 2018; Weissbourd et al., 2021).
Somos una sociedad que ha crecido viendo series donde los grupos de amigos son enormes, hacen todo juntos y duran para siempre. Pero la realidad es que nuestro cerebro, según la psicología evolutiva, solo da para mantener unas cinco amistades realmente íntimas. Cuando empezamos a cambiar de prioridades, esos asientos van rotando inevitablemente.
La calidad de las relaciones se va perdiendo con el tiempo cuando no podemos ver cara a cara a la otra persona. (Dunbar, s.f.).
El vacío de «quién eras tú»
Lo peor de alejarte de una amistad no es sólo que la echas de menos a ella, sino que echas de menos cómo eras tú cuando estabas a su lado. Estos vínculos sacan partes de las personas que sólo existen en ese pequeño mundo que se ha creado. Compartes bromas, formas de hablar o incluso aficiones que únicamente existen cuando estás con esa persona.
Por eso, cuando esa amistad se enfría… todo cambia. Es ese momento de estar un viernes en tu habitación y pensar: «Si ya no soy la que siempre organiza los planes, la que prepara regalos, sorpresas… entonces, ¿Quién se supone que soy ahora?».
Y, este es el momento en el que comienza la introspección necesaria en toda etapa adulta. El instante de mirarse al espejo y no observarse con los ojos del resto, sino con los tuyos. Ya que, en esta etapa de profundo cambio, no sólo personal, sino de todo el círculo que nos rodea, a veces, intentamos cambiar para encajar o agradar hasta asfixiarnos. Y eso ¿De qué nos sirve?
Cuando puedes empezar a elegir tu personalidad, tus ambiciones, tus gustos… Para qué someterse a la esclavitud del qué dirán, qué pensarán o qué me van a decir. Es una cárcel innecesaria.
La amistad se basa en la confianza entre dos o más personas para poder, simplemente, ser. Por lo tanto, si cuando llegas a los 20, esta amistad no ha sobrevivido a los cambios, la distancia o las nuevas personas. Es porque, tan sólo, no era la amistad que creías que te acompañaría por y para siempre.

Soltar para avanzar
Tenemos que quitarnos la idea de que ser leal significa quedarte para siempre en amistades que ya no te aportan o con las que ya no tienes nada en común. Alejarte de alguien porque vuestras vidas van por caminos distintos no te hace mala amiga. Es, simplemente, ser sincera.
Esa soledad que sientes después es incómoda. Pica un poco. Pero, ese espacio vacío que queda cuando dejas de intentar encajar a la fuerza con alguien, es justo lo que necesitas. Es el sitio perfecto para descubrir qué te gusta, cómo eres y qué toleras ahora.
Perder amigas en la veintena no es un fracaso en tu vida social. Es darte cuenta de que estás cambiando. Y a veces, para saber hacia dónde quieres ir, te toca atreverte a caminar un rato sola.
Así que, apaga el ruido y, simplemente…
Vive ahora.
Carolina Pérez Mas





