El móvil no te está arruinando la vida
Como aficionada al mundo editorial, llevo tiempo explorando y haciendo trabajo de campo sobre cómo es el panorama actual de los medios relacionados con el bienestar, la belleza y el estilo de vida, que son, precisamente, los géneros editoriales que más me interesan. Siempre se me van los ojos hacia los proyectos bien diseñados, con una identidad sólida, una visión clara y un universo estético reconocible. Quizá por eso siempre he sentido una especial admiración por los grandes grupos editoriales como Hearst o Condé Nast y por muchas de sus cabeceras. Y si hay una marca que destaca por encima de todas en este ámbito, esa es ‘Vogue’. Vogue como revista, como marca, como concepto e incluso como representación de un estilo de vida aspiracional.
Mi bandeja de entrada está siempre llena de correos de todo tipo: newsletters, promociones, campañas publicitarias y mensajes pendientes. Sin embargo, entre todos ellos suele aparecer algún artículo de Vogue. No recuerdo exactamente cuándo decidí crear una cuenta y suscribirme para recibir sus publicaciones, y debo reconocer que no siempre abro esos correos. Pero cuando lo hago, rara vez salgo decepcionada.
De hecho, es un hábito que me gustaría cultivar más y que, como toda buena práctica, también quiero recomendar. A mis amigas, por supuesto, pero también a vosotras, porque a estas alturas ya os considero parte de ese círculo. Creo que es una costumbre poco frecuente y, sin embargo, no debería serlo. Como redactora, siento la responsabilidad de alimentar constantemente mi archivo personal de referencias, de seguir aprendiendo de quienes llevan años construyendo proyectos editoriales extraordinarios. Y pocas cosas son tan accesibles, cómodas y enriquecedoras como dedicar unos minutos a leer contenido de calidad.
Esta reflexión conecta especialmente con este medio digital, no solo por el tipo de contenido que defendemos, sino también por la forma en que elegimos consumirlo. Porque una de las cosas que más me interesa reivindicar es la posibilidad de construir nuevas maneras de relacionarnos con la información y el entretenimiento. Crear espacios de pausa, encontrar refugios dentro del ruido y recordarnos que
No todo lo digital es banal, superficial o perjudicial.
Un nuevo estilo de consumo
La tecnología no es el problema. Al contrario: tenemos acceso a una cantidad de conocimiento, inspiración y aprendizaje que ninguna generación anterior había tenido al alcance de la mano. Podemos aprovechar todos los beneficios de la digitalización y de la inmediatez sin convertirnos en víctimas de sus excesos. Ya no se trata de un “si no puedes con el enemigo, únete a él”. Se trata de reconocer que muchas veces somos nosotros quienes elegimos utilizar mal herramientas que también pueden mejorar nuestra vida.
Por eso defiendo una nueva forma de comunicar, de entretenernos y de consumir contenido. Porque entretenerse no debería ser perjudicial. Porque el móvil puede ser mucho más que una máquina de distracción. Puede convertirse en una puerta hacia ideas, historias, conversaciones y aprendizajes valiosos.
Así que, en lugar de limitarnos a señalar los problemas, quizá deberíamos preguntarnos qué podemos hacer para cambiarlos y empezar por nosotros mismos cuestionando nuestros hábitos y preguntándonos por qué abrimos ‘TikTok’ automáticamente cada vez que tenemos cinco minutos libres y no aprovechamos ese mismo tiempo para leer un artículo, una revista o unas páginas de un libro.
Rompe con tus patrones
Durante años, la falta de acceso podía ser una excusa. Hoy ya no lo es. Gracias a la digitalización llevamos una biblioteca, una hemeroteca y un universo entero de conocimiento en el bolsillo. No nos faltan recursos, muchas veces nos falta intención.
Precisamente por eso existe Nácar. Pero de poco sirve que existan espacios como este si seguimos construyendo barreras invisibles entre nosotros y aquello que puede aportarnos algo valioso. Y esas barreras no suelen estar en la tecnología, sino en nuestros hábitos de consumo.
La mejor parte es que todo esto es reversible, y lo que es más positivo aún es que solo te queda el último paso: tomar acción. Porque si has llegado hasta aquí, probablemente ya hayas hecho lo más difícil, que es reconocer que existe un problema y sentir el deseo de cambiarlo. Tenemos mucho más poder del que creemos.
5 tips para huir del ‘brainrot’
1. Sustituye, no elimines.
No es mala idea darse un descanso de las redes, al menos por un tiempo, pero tampoco es la única salida. No se trata de dejarlas por completo, sino aprender a filtrar y decidir qué quieres ver y cuándo. Empieza por reemplazar parte del contenido que te distrae por contenido que te aporte algo, dejar de seguir cuentas que no te representen, quédate hasta el final en lugar de guardar vídeos para luego y mantente presente.
2. Cuida tu dieta digital.
Lo que consumes cada día influye en tu forma de pensar, tus intereses y tu visión del mundo, así que elige con intención. ¿Te sientes orgullosa del historial de contenidos que estás construyendo? Considera dichos elementos como si se tratase de una dieta alimenticia, priorizando fuentes saludables y manteniendo el equilibrio. Al igual que limitamos los azúcares, quizá de vez en cuando venga bien un ‘ayuno de dopamina’.
3. Convierte el móvil en una herramienta.
Además de entretenimiento, tu dispositivo puede ser una especie de museo o biblioteca, un archivo que usar como fuente constante de aprendizaje e inspiración. Revisa tus colecciones favoritas, considera de qué cuestiones esenciales quieres nutrirte en este momento y haz una limpieza exhaustiva de aplicaciones, fotos e incluso personas.
4. Recupera la atención.
No todo está pensado para consumirse en segundos, incluso esos vídeos cortos que no llegas a terminar, lo que guardas para luego o lo que prefieres acelerar al x2. Leer, escuchar o mirar atento y despacio es el método idóneo para recuperar la presencia. Amplia tu colección de contenidos largos que requieran algo de foco sostenido y practica también la atención en esos medios fugaces.
5. Pregúntate qué te aporta.
Después de consumir un contenido, date una pausa y piensa: ¿me llevo una idea, una reflexión o una emoción de aquí? Sigue la regla 5:1, por cada cinco contenidos que consumas de forma automática, dedica uno a algo que amplíe tu mundo: un artículo, un reportaje o unas páginas de un libro.






