Ser egoísta y curar el síndrome de niña buena
Si alguna vez has estado en una relación o amistad tóxica supongo que también conocerás esa sensación de tener que dormir en la misma cama con tu mayor enemigo, hacer planes con una persona mientras notas que te hierve la sangre por dentro pero, mejor no confiar en tu intuición y pensar “seguro que estoy exagerando” o “estoy siendo demasiado dramática”.
Hoy no traigo ciencia pero traigo una parte con la que he luchado muchos años, igual que muchas de vosotras, y me encuentro en una etapa en la que siento que puedo hablar con claridad, coherencia y tengo la valentía suficiente de compartirlo.
En todas mis relaciones, pero todas (2 pero de ninguna me salvo), a demás de haber pasado por distintos tipos de amistades, siempre he tenido que entregarme demasiado hasta el punto en el que la otra persona, se beneficia de esa bondad que doy con todo el amor del mundo, pero que siempre acaba en ese complejo de salvadora, perdiéndome a mí misma y poniendo a todo el mundo en el centro menos a mi. Y por desgracia, teniendo que luchar conmigo misma para poder poner una denuncia, y tener que poner un límite por supervivencia, y no desde el respeto a mi misma.
En ese entonces, mi vida no se sujetaba por un sistema de valores basado en mi, estaba basado según las necesidades de mi entorno.
Ahora, después de haberme perdido a mi misma muchas veces, y recordando el porqué empecé a escribir por Substack, empezando por “el duelo ya pasó pero mi cuerpo sigue en alerta”, momento en el que empecé a establecer límites de manera más clara y coherente conmigo.
Puedo deciros 100% convencida que, nosotras, como mujeres, nos estamos haciendo un daño increíble cuando no reconocemos nuestro valor, y la gente de nuestro alrededor se beneficia de nosotras porque les conviene que no sepamos lo que valemos, porque eso les da acceso ilimitado a nosotras, a nuestro tiempo, a nuestras cualidades más preciadas y como no, a nuestra energía.
Aún estoy descubriéndome, pero he podido observar y empezar a sentir que cuando reconoces el valor que tienes como persona, te das cuenta de que hay personas que no pueden seguir tu camino ni estar a tu altura, porque la única forma en que se mantenían en tu vida era gracias a que tú no tenías límites.
Y yo antes creía que tener límites y decirle no a una amiga, o no a una invitación, o incluso pasar una tarde sola, era un tipo de traición a esas personas, y sentirme mal por no “complacer” esa necesidad de querer que estuviera presente en un momento específico, dándoles mi tiempo y mi energía. Como si estar sola fuera simplemente tiempo libre, y mi obligación era llenarlo con otras personas y ambientes en el que ni bien me sentía, pero ya “hacía algo”, ya “la otra persona se siente más acompañada”.
Ahora, el tiempo que tengo para mi, el tiempo que pasó en soledad, es tiempo sagrado y que necesito en mi día a día, momentos en el que me elijo a mi misma por encima de las necesidades de otras personas.
Pero antes de adentrarme en el tema, te hago un resumen de lo que tratará este artículo para que puedas ir directamente si alguno te llama más la atención <3
- La “niña buena” y la socialización femenina
- Traicionar la intuición y los límites propios
- El miedo a ser egoísta te hace fácil de controlar
- Ser una una persona que ama pero con límites
- Por qué los límites nos definen
- Cómo establecer y mantener límites
- Reclamar el “egoísmo” como acto de devoción
- Las mujeres que nos provocan e inspiran
- Elegirte a ti misma
La “niña buena” y la socialización femenina
Las mujeres hemos crecido socialmente con la idea de nuestro nivel de “ser buena persona”, depende de cuánto podemos llegar a sacrificar para complacer a los demás y sin olvidarnos de que esas personas se tienen que sentir cómodas mientras están con nosotras.
Hemos sido criadas para absorber la incomodidad de todos los que nos rodean y para salvar a la gente de sus emociones negativas, teniendo que justificarnos siempre en conversaciones con frases como “seguro que no lo decías en serio” o peor aún, “seguro que estabas borracho.”
Me parece ridículo que se nos enseñe tener que demostrar por qué merecemos el derecho de ser felices siempre justificándonos, siempre contando nuestras experiencias pasadas para que haya un mínimo de credibilidad para que nos crean, al menos un 1%, “bueno, he pasado por esto y por lo otro y de verdad estoy mejorando muchísimo…”, bla, bla, bla…
Y luego, lo peor de todo es que hacemos que las mujeres se disculpen por demostrarse totalmente plenas y auténticas, por qué tenemos que incluir en nuestras conversaciones, “¿Quién se cree que es para vestirse así?”, “¿Quién se cree que es para publicar en YouTube o TikTok?”, “yo no lo haría, quiere llamar la atención“…
Cuando las mujeres avergonzamos a otras mujeres así, solo estamos imponiendo nuestra propia jaula (de la cual no nos conviene salir, porque se ha convertido en seguro tener que encajar siempre) a las demás, porque creemos que tenemos que ser pequeñas para ser buenas. Además de que no tenemos que destacar porque es egoísta y no podemos ocupar espacio.
Cuando en realidad, si todas nos diéramos permiso de brillar de manera única y vivir nuestras vidas según nuestros propios estándares, límites y valores, cada una de nosotras se convertiría en un ejemplo a seguir para otras que también lo necesitan. Y quiero aclarar, que por eso es imposible odiar a otras mujeres cuando somos totalmente plenas, y queremos y valoramos cada parte de nosotras. Especialmente si tenemos un historial de autosacrificarnos y creer que tenemos que proyectar esa imagen de “salvadoras” y “pobrecitas”.
Traicionar la intuición y los límites propios
Me podeis confirmar que habéis vivido ese impulso femenino de traicionar nuestros propios límites, traicionar nuestra propia intuición, y haberlo llamado “ser educadas“ o “ser simpáticas“, y seguir traicionando nos diciendo “bueno, quizás soy yo, puede que esté siendo demasiado sensible“.
Destrozamos nuestra autoestima y estamos insultando a nuestras sensaciones, y a la vez, a nuestra intuición. Ni fiarnos de nosotras mismas es viable y dejamos que nuestra propia mente cree sus propias historias para justificar el porqué la gente hace lo que hace, para evitar ese sentimiento incómodo que nos llega.
Así es como empezamos perdiendo el respeto por nosotras mismas y por nuestra propia guía interna.
El miedo a ser egoísta te hace fácil de controlar
Las personas con malas intenciones, los narcisistas, ese tipo de personas notan a kilómetros en nosotras que tenemos ese complejo de salvadora y de hacer las cosas bien, de darlo todo y de sacrificarnos por ellos, de entregar nuestra alma para sentirnos “sostenidas”. Porque somos abiertas y dejamos que sobrepasen nuestros límites cuando algo nos agota, cuando no estamos de acuerdo, cuando queremos que paren de consumirnos y por eso le damos el acceso ilimitado de nuestra energía.
No sé cuantas veces tuve que entregarme y callarme para que pararan de atacarme, cuantas veces tuve que callarme para sobrevivir, cuantas veces he tenido que decir “sí, me parece bien”, cuando en el fondo quería mandar todo a la mierda. Y las personas lo notan, la gente nota cuándo alguien tiene dificultades para definir sus propios límites, por eso se aprovechan, por eso nos traspasan sus necesidades, para quedarnos llenas de sufrimiento, mientras ellos se liberan de sus cargas, que no son nuestras responsabilidades.
Cuando las mujeres tenemos miedo de ser egoístas, somos muy fáciles de controlar, de aprovechar, de manipular, decimos que sí a todo, damos nuestro número a personas que no conocemos, nos quedamos en citas más tiempo de lo que queremos para no incomodar a la otra persona y querer parecer “simpática”. Creemos que le debemos nuestra energía a la gente porque la pide. Yo pensaba que porque alguien me hiciera un gesto de amistad o romántico, debía decirle que sí a todo por demostrar que soy agradecida, ni siquiera sabía cuáles eran mis necesidades. Y lo único que conseguí fue malgastar mi energía y cómo no, preguntarme por qué esto siempre me pasa a mí, por qué siempre atraigo al mismo tipo de persona.
Es necesario y esencial que expresemos nuestras necesidades, deseos e intenciones con otras personas, para conseguir lo que nos corresponde y por ende, inspirar a las personas y otras mujeres que nos rodean, tenemos que ser un ejemplo para otras mujeres, priorizando nuestras necesidades y reconociendo nuestro valor.
Pero si no somos conscientes de lo que necesitamos y de lo que representa nuestro tiempo, saber cuál es nuestro valor, constantemente vamos a crear esos “microcompromisos” con las personas hasta quedar vacías por dentro, sin dirección, respeto, amor, ni propósito.
Ser una persona que ama pero con límites
Poder demostrar y sentir amor, es increíble, es algo que forma parte de nosotras y viene desde la pureza de nuestro interior. Pero ser así, me ha tenido que doler porque se han aprovechado de eso, y también duele porque a la vez, el mundo necesita más personas así, personas con un corazón abierto y que no juzguen a otras para probar su valor.
Me niego y deberíamos negarnos a que las cosas y circunstancias tan horribles que nos hayan podido pasar nos impiden quitarnos esa capacidad de amar intensamente y seguir haciéndolo, siempre daré mi amor, siempre sentiré las emociones con intensidad. Pero eso no es sinónimo de no tener límites, ser una persona abierta, con empatía y compasión, pero trazando barreras donde sean necesarias no es ser borde, fría, ni persona con poca responsabilidad afectiva, al contrario.
Las personas que damos tanto de nosotras somos las que más necesitamos límites, y unos límites fuertes porque somos el tipo de personas de las que es muy fácil aprovecharse, porque queremos dar el máximo de nosotras. Pero la empatía sin límites es una autodestrucción, y la única razón por la que podemos ser un ser de luz y seguir brillando es por que sabemos decir que no, saber cuando apartarnos, saber cuando nos conviene volver a casa o no, saber cuándo aceptar planes, entre muchas otras cosas.
Nos centramos tanto en intentar salvar al mundo y todo lo que nos rodea, que se nos olvida que nosotras también necesitamos ese amor. Aun podemos ser esa mujer que han herido pero que se atreve y decide seguir amando. Ganamos muchísima sabiduría gracias a poder poner fronteras, gracias a definir lo que hacemos y no hacemos en esta vida, es la única manera en la que podemos alcanzar nuestra pureza y ser por fin, nosotras mismas, porque las reglas las elegimos nosotras.
Cuando dejamos que el sentimiento de culpa guíe nuestras decisiones, cuando hacemos cosas que no queremos, cuando en vez de convertirnos en personas que saben amar, nos convertimos en personas resentidas, somos nuestras propias enemigas porque damos por alto nuestras necesidades.
Si estás leyendo esto y sientes como yo que tienes mucho amor por dar, te acompaño, te acompaño y te abrazo, porque yo me niego a dejar de sentir, quiero seguir sintiendo emociones intensamente y quiero seguir siendo la niña pequeña que se entusiasma al ver a alguien y demuestra sus emociones, dejándome vulnerable, pero no voy a dejar de tener mis límites y tu tampoco. Que te quede claro, nuestro acceso no es fácil por serlo, es sagrado, igual que nuestro tiempo, atención y energía que depositamos cuando decidimos qué tipo de personas entran, o no entran en nuestras vidas.
Y ambas cosas coexisten, no pueden existir la una sin la otra, no podemos mantener esa niña pequeña entusiasmada con tanto amor por dar sin unos límites que hagan de barrera y nos protejan de personas y situaciones que no sepan valorarlo.
Por qué los límites nos definen
Tenemos miedo de definirnos porque en cuanto lo hacemos, ocupamos espacio. ¿Y eso qué significa?, pues eso significa, yo no soy esto, soy este otro tipo de persona, y da miedo y genera mucha resistencia porque siempre hemos tratado de cubrir las necesidades y cargar con los problemas emocionales de los demás. Y los límites, la manera en la que nos definimos de nosotras mismas, nos separan de las personas y es lo que nos hace ser únicas, porque cada una de nosotras cargamos con nuestra propia mochila, nuestra propia historia y tenemos concepciones y necesidades diferentes que merecen ser escuchadas y respetadas siempre.
Ese pensamiento desde la escasez basado en el miedo, es como si apostaras por la versión de ti que no consigue lo que quiere ni se ve capaz, porque cuando no estableces tus límites ni tus estándares ni los comunicas a los demás, estás pidiendo a Dios o al Universo lo que quieres pero sin creer en ti ni en cómo te defines de verdad.
Y siento que cada persona llena su tiempo con cosas que quiere hacer, si eres consciente y estás presente con tus necesidades y tus valores, eres egoísta, porque cuando estás tan inmersa en ti misma y en tu propio mundo interior, sabes lo que quieres y vas a poner tu tiempo en situaciones que quieres que crezcan.
Ese miedo a definirnos viene del miedo a molestar, porque nadie puede venir a atacarnos ni criticarnos, ni siquiera llamarnos “bordes” porque no reaccionamos, ni imponemos nuestras palabras porque sabemos que lo que estamos haciendo es elegirnos una vez más.
Las mujeres más atacadas y criticadas públicamente son las que imponen su “yo” más auténtico al mundo, sin necesidad de fingir ni actuar para complacer a los demás. Así que creo que de todas formas hay un precio que pagar, si quieres ser auténtica y vivir la vida que te mereces, el precio que pagas es la crítica y la resistencia.
Esa vida deseada, esa vida de nuestros sueños, nunca la llegamos a proyectar porque pensamos que va a molestar o incomodar por la manera en la que viven los demás, por definirnos de manera diferente. Quizá nuestros padres quieran algo diferente de nosotras, y pensamos que los vamos a traicionar, o que vamos a incomodar a esos amigos que tenemos sin ninguna ambición, nos frenamos y nunca llegamos, nos callamos y limitamos.
Si no definimos nuestra vida, nos la definen las necesidades de los demás, y tu alma cada vez es menos pura y en vez de ser libre, vive en una jaula atrapada en las expectativas de todo lo que te rodea.
Tenemos que ser nosotras las que decidimos no salir a cierta hora, no hacer ciertos planes si no nos apetece, no salir con personas que consumen, no tener amigas que nos usen constantemente como si fuéramos sus psicólogas, constantemente. Si no ponemos este tipo de reglas, las pondrán por nosotras, y eso es una falta de respeto enorme a nosotras mismas.
Estamos aquí en este mundo lleno de abundancia y oportunidades que evitamos ver, para vivir nosotras, no que lo hagan otras personas por nosotras.
Cómo establecer y mantener límites
Todo a lo que nos aferramos cuando tenemos miedo de poner límites y decir en voz alta que queremos cuando conocemos a alguien, pareja, amigos, etc., estamos aferrándonos a la versión más mediocre de nosotras mismas, relaciones mediocres, planes mediocres, oportunidades mediocres.
Podemos cambiar todo eso y empezar a celebrarnos cuando decimos no, y empezar a crear relaciones desde la honestidad y no desde el miedo al qué dirán. Podemos confiar en nosotras mismas, establecer estándares y dejar de vivir con la preocupación constante de que alguien se aproveche de nosotras, siempre podemos decir que no, y mejor aún, reconocerlo y coger ejemplo de las mujeres que lo hacen sin miedo.
Si queremos relaciones en las que nos sintamos respetadas y valoradas, tenemos que empezar con nosotras mismas, porque si no lo hacemos nosotras, porque si no nos respetamos, no respetamos nuestros límites, decimos que sí a todo, complacemos a cualquier persona y van a acabar agarrándonos el brazo en vez de la mano.
Para poder cultivar relaciones sanas y puras tenemos que empezar por nosotras.
Y eso se consigue diciendo, “mira te aprecio mucho pero tengo cosas que hacer así que te hablo mañana, no siempre estoy disponible”. Los límites requieren que aguantes la incomodidad de molestar a alguien, o incluso de que los sobrepasen, pero que aun así, te sigas manteniendo en tu línea.
Si no contestas hasta mañana, si no coges el teléfono cuando no estás disponible, no corres a sobrejustificarte y sobreexplicarte para responder al drama de alguien, te estás eligiendo y a parte, te recomiendo estar alejada de las personas que necesitan constantemente tu atención y tu energía, hay una parte vacía en ellos que necesita de todo lo bueno que tienes por dentro, las personas llenas no necesitan drenar a otras.
Pero sinceramente, si hablamos del famoso chisme, y llega a niveles de crítica y negatividad hacia personas que a lo mejor ni conoces, lo mejor es decir que estamos a otro nivel en nuestras vidas, sin necesidad de hablar mal ni caer en un bucle negativo que seguramente te persiga durante todo el día.
O si alguien quiere conocer tu vida privada y te sientes en el compromiso y la necesidad de decirlo para complacer a la otra persona, siente la resistencia y di simplemente que no quieres hablar de tu vida privada y que necesitas que te lo respete. Y repetirlo las veces que sea necesario, ya has establecido tus límites y tus necesidades, si no los cumplen es una falta de respeto y esa persona ya dice mucho de sí misma con ese tipo de acto.
El límite está en irse a casa, en seguir eligiendo no beber alcohol si no te apetece. Podemos poner límites y eso no nos hace no tener emociones y ser consideradas frías o como otros dirían, “aburridas”.
Reclamar el “egoísmo” como acto de devoción
Cada vez intento ser mas egoísta y quiero que forme parte de la persona que estoy construyendo, las mujeres egoístas sanamos el mundo, hacer oídos sordos cuando sea necesario y ocupar el espacio que merecemos, dejando de lado el miedo a la palabra “egoísta” que tanto nos frena.
Dedicar tu tiempo, tu energía, tus recursos a ti misma, es un acto de devoción, cultivar la energía del amor y la paz y la armonía en la aceptación de nosotras mismas.
De manera que nos convertimos en personas consistentes con nuestra verdad, coherente con quienes somos y cómo nos mostramos al mundo, nos mostramos desde la integridad y no desde la escasez, creando así mucha resiliencia mental y fortaleza, la capacidad de adaptarnos, de ser flexibles, creativas y mirar más allá de lo que la sociedad nos grita que hagamos.
Las mujeres que nos provocan e inspiran
Las mujeres que más nos provocan en la vida son las mujeres que se lanzan al mundo a través de su autoexpresión, de la manera en que se visten, aquellas que ocupan espacio, que salen a la calle y se visten como quieren, que devuelven el plato en un restaurante y que se ponen a sí mismas en el centro de su vida.
Y todo esto sin pedir perdón, porque no necesitan la aprobación de nadie para saber cual es su valor. Que nos inspiren a poner límites, preferencias, y que desean en voz alta sin miedo.
“Me voy a casa”, “No puedo hablar sobre esto”, “No permito x acto”, “Quiero estar sola”, “No quiero hacer x”,
… y un gran etcétera.
Permitamos y normalicemos que nos digan “¿quién se cree que es?”, eso significa que ya no somos la versión escondida, frágil y pequeña de nosotras mismas, una versión mediocre.
No sabéis la libertad que se siente cuando te sientes incontrolable sin necesitar la aprobación de tus amigos, de tus padres, de tus profesores, de quien sea a quien tengas en la cabeza, de verdad, vive tu vida, define tus límites y dilos en voz alta, mantenlos y recuerda que la empatía sin limites acaba en autodestrucción y una falta de respeto enorme a nosotras mismas.
Elegirte a ti misma
Algunas de las preguntas que te puedes hacer, y que yo me hago para reflexionar sobre estos temas son
¿Qué cosas tengo miedo de decir que quiero y que no quiero en la vida, porque creo que alguien me va a llamar “exigente”?
¿Qué cosas tengo miedo de hacer? ¿Y cómo te limitas?
Elegir salir de esa relación, cambiarte de país, de amistades, de devolver una comida que no era la tuya, cambiar de profesión, de trabajó, de objetivos…
La gente siempre mirará y criticará desde un lugar vacío. Tenemos que tener ese valor para elegirnos y no necesitar validación social para sentirnos completas, sabemos quienes somos y a dónde vamos,
os quiero y os abrazo,
Anyka <3
Otros de mis enlaces en https://linktr.ee/abreabinub !






