Meryl Streep sobre ‘El diablo viste de Prada’: “Tenía 55 años y acababa de aprender a defender mis propios intereses”

La lección que aprendió Meryl Streep sobre defender su valor en el terreno profesional

En su entrevista para el programa ‘The Graham Norton Show’ en 2016, la actriz de Hollywood confesó el momento en que decidió plantarse por primera vez en treinta años de carrera profesional. 

“The offer was to my mind slightly, if not insulting, not perhaps reflective of my actual value to the project…”

Meryl Streep reconoció que la remuneración inicial que le ofrecieron por protagonizar “El diablo viste de Prada” presentaba una cifra “insultante”, muy inferior a su valor como intérprete. Tal y como hubiera hecho su personaje en la película, Miranda Priestly, Streep se plantó. 

“There was my ‘goodbye moment,’ and then they doubled the offer. I was 55, and I had just learned… how to deal on my own behalf.”

Según relata la propia actriz, nunca antes había tenido que negociar su salario. La inconformidad con dicha cifra la llevó a tener que enfrentarse a la compañía para defender su talento. Tras comunicar su decisión de renunciar al puesto, le ofrecieron el doble de lo establecido. 

No necesitas ser una estrella para defender tu caché

¿Acaso piensas que la mismísima Meryl Streep necesitaba ese dinero? ¿o que la primera cifra que le ofrecieron era realmente baja? Déjame decirte que no. Esto va más allá. No hay que ser una celebrity para proteger tu valor. Al igual que el caché de un artista trata de medir lo que aporta a una obra como profesional, tu caché personal reconoce tu trabajo, tu criterio, tus ideas, lo que aceptas y lo que no aceptas. Cuando pones límites, tu caché aumenta. Mejor dicho, pone un tope que impide que recibas menos de lo que mereces. Crea un escudo de protección ante personas, condiciones, situaciones o conductas que tratan de rebajar tu potencial. 

Establece tu valor  

Streep sabía que el precio de su trabajo era mayor que lo ofrecido mucho antes de que el equipo de producción duplicara la oferta. También sabía que al rechazar aquel contrato, acabaría firmando uno mucho mejor. 

No lo descubrió por ser adivina, ni mucho menos por arrogancia, simplemente tenía la tranquilidad de quien sabe lo que vale y no está dispuesto a rebajarse.

Este no es un caso aislado, aplica a todo el que es lo bastante honesto como para determinar dónde están sus estándares y tan valiente como para hacerlos respetar. La actriz no salió ganando únicamente por ser quien es, sino por ser consciente de su propia valía.

Respétate tú primero

No todo consiste en protegerse de ofertas atractivas que no están a la altura. Para hacerte respetar, debes empezar por respetarte tú primero. Ser fiel a ti en cada decisión. Priorizar tu compromiso contigo, ser consciente de lo que vales y lo que mereces, y no aceptar menos. 

Alguien que tiene claro cuál es su lugar no se conforma con la primera apuesta, no se deja llevar por la más fácil ni se embauca con la más llamativa. Lo que está por debajo de sus expectativas, no gana interés.

Su puesto es más elevado, y no tiene dudas de ello. 

Aceptas lo que crees merecer

Aceptas las oportunidades, el amor y el trato que encajan con la idea que tienes de ti misma. Existe un techo invisible, un precio marcado por ti que determina lo que te permites recibir. Sin darte cuenta, estableces un estándar en base a lo que toleras en repetidas ocasiones.

Ese límite interno no se vende como un “no puedo”, sino que se disfraza con un “no es para mi”. La mente tiende a proteger la narrativa que sostiene ese conformismo, la que te mantiene dentro de lo conocido y te aleja (casi sin que lo notes) de la ambición que implicaría cambiar de lugar.

María Gómez Maldonado

Periodista de lifestyle, moda, belleza y bienestar integral.

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